martes, 10 de marzo de 2009

"ALGO GRANDE ESTÁ SUCEDIENDO"


Ron Paul, 9 de Julio de 2008

"Sra Presidenta, durante los últimos 35 años he expresado mi grave preocupación por el futuro de EEUU. El rumbo tomado durante el pasado siglo ha amenazado nuestras libertades, seguridad y prosperidad. A pesar de estas preocupaciones, hay días - cada vez con más frecuencia – en los que estoy convencido de que Grandes Acontecimientos están a punto de ocurrir. Estos acontecimientos se aproximan con rapidez y no pasarán desapercibidos. Nos afectarán a todos. No se limitarán a algunas áreas de nuestro país. El sistema político y económico mundial se verá afectado por el caos que está a punto de desatarse.

Aunque el mundo ha sufrido durante mucho tiempo el sinsentido de guerras que deberían haberse evitado, mi mayor miedo es que el camino sobre el que nos encontramos traerá incluso mayores conflictos y mayor sufrimiento económico para los pueblos inocentes del mundo – a menos que rápidamente cambiemos nuestro modo de proceder.

EEUU, con su tradición de libremercado y derechos de propiedad, mostró el camino hacia la riqueza y el progreso a todo el mundo. Desde que perdimos nuestra confianza en los principios de libertad, independencia, trabajo duro y frugalidad y, en cambio, emprendimos la construcción de un imperio, financiado a través de la inflación y la deuda, esto ha cambiado. Se trata sin duda, de algo aterrador y de un acontecimiento histórico.

El problema al que nos enfrentamos no representa una novedad histórica. El autoritarismo ha existido durante mucho tiempo. Durante siglos, la inflación y la deuda han sido usadas por tiranos para acumular poder, promover la agresión y proporcionar pan y circo al pueblo. La idea de que un país puede permitirse pistolas y mantequilla sin una importante penalización existía incluso antes de los 60, cuando se convertió en un eslógan popular. Fue entonces, sin embargo, cuando se nos dijo que la guerra del Vietnam y la expansión del estado del bienestar no eran problema. Los 70 demostraron que esa premisa era equivocada.

Los tiempos actuales son distintos de la década de los 70 o de los tiempos antiguos. Ahora somos una economía global. El mundo tiene más habitantes y está más integrado gracias a la tecnología, las comunicaciones y el transporte modernos. Si la tecnología moderna se hubiera usado para promover las ideas de libertad, el libremercado, el patrón de oro y el comercio reponsable, nos habría conducido a una nueva edad dorada – una globalización que podríamos aceptar.

En cambio, la riqueza y la libertad de las que ahora disfrutamos se están reduciendo y descansan sobre una frágil infraestructura filosófica. No es distinto de los diques y puentes en este país que nuestro sistema de guerra y bienestar nos ha hecho ignorar.

Tengo miedo de que mis preocupaciones fueran justificadas y puedan ser peores de lo que en un principio pensé. Ahora se encuentran en el umbral de nuestra puerta. Nos queda poco tiempo para corregir el rumbo antes de que este enorme experimento de libertad entre en profunda hibernación.

Existen razones para creer que la crisis que se avecina es distinta y mayor de lo que el mundo ha jamás experimentado. En lugar de usar la globalización de un modo positivo, se ha utilizado para globalizar todos los errores de los políticos, burócratas y banqueros centrales.

Ser una superpotencia única e incuestionable nunca fue aceptado por nosotros con sentido de la humildad y respeto. Nuestra arrogancia y agresividad han sido usadas para promover un imperio mundial respaldado por el ejército más poderoso de la historia. Este tipo de intervención global crea problemas a la mayoría de ciudadanos del mundo y fracasa a la hora de contribuir al bienestar de los pueblos del mundo. Simplemente pensad en cómo nuestras libertades personales han sido destruidas aquí, en casa, durante la última década.

La crisis financiera, todavía en sus primeras etapas, es evidente a los ojos de todos: los precios del carburante por encima los 4 dólares por galón [N.T.: ~1$/L]; los costes de la educación y la atención médica por las nubes; el colapso de la burbuja inmobiliaria; el estallido de la burbuja NASDAQ [N.T.: Burbuja.com]; los mercados bursátiles hundiéndose; el desempleo en alza; subempleo masivo; excesiva deuda gubernamental; y la incontrolable deuda personal. La pregunta que pronto se realizará es: ¿Cuándo se convertirá la estanflación en una depresión inflacionaria?

Existen varios motivos por los que la economía mundial se ha globalizado y que los problemas que enfrentamos son mundiales. No podemos entender lo que tenemos enfrente sin antes comprender el dinero fiat y la burbuja del dólar, la cual lleva mucho tiempo desarrollándose.

Hubo varias fases. Desde los comienzos del Sistema de la Reserva Federal, desde 1913 a 1933, el Banco Central se estableció como el administrador oficial del dólar. En 1933, los estadounidenses dejaron de poder poseer oro, eliminándose la restricción sobre la Reserva Federal de inflar para guerra y conflictos.

En 1945, otras restricciones fueron eliminadas con la creación del Sistema Monetario de Bretton-Woods, convirtiéndose el dólar en la moneda de reserva del mundo. Este sistema duró hasta 1971. Entre 1945 y 1971, algunas restricciones sobre la Fed permanecieron en su sitio. Los extranjeros, no los estadounidenses, podían canjear los dólares por oro a razón de 35 $ la onza [N.T.: 122,6$/kg]. Debido a la producción excesiva de dólares, el sistema tocó su fin en 1971.

Fue el sistema post Bretton-Woods el responsable de la globalización de la inflación y los mercados y de la creación de una gigantesca y mundial burbuja de dólares. La burbuja está ahora estallando, y estamos viendo qué es sufrir las consecuencias de los muchos errores económicos cometidos en el pasado.

Irónicamente, durante los últimos 35 años, nos hemos beneficiado de este sistema defectuoso. Debido a que el mundo aceptó los dólares como si de oro se tratara, sólo teníamos que falsificar más dólares, gastarlos en el extranjero (incentivando indirectamente el desplazamiento de nuestros empleos al extranjero, también) y disfrutar de una prosperidad inmerecida. Aquellos que aceptaron nuestros dólares a cambio de bienes y servicios sólo estaban demasiado ansiosos para volvernos a prestar esos dólares. Esto nos permitió exportar nuestra inflación y retrasar las consecuencias que ahora empezamos a presenciar.

Pero esto nunca fue destinado a durar, y ahora tenemos que cargar con la cuenta. Nuestra enorme deuda externa debe ser pagada o liquidada. Nuestras prestaciones están venciendo justo cuando el mundo se ha vuelto reticente a tener dólares. La consecuencia de esa desición es la subida de precios en este país – y eso es lo que estamos presenciando hoy. La inflación ya es mayor en el extranjero que aquí, como consecuencia de la disposición de los bancos centrales extranjeros para monetizar nuestra deuda.

Imprimir dólares durante largos períodos de tiempo puede que no empuje los precios hacia arriba inmediatamente – pero con el tiempo siempre sucede así. Ahora estamos viendo una tendencia de nivelación con el inflar del suministro monetario del pasado. Aunque pueda parecer mala la situación actual, con 4 dólares por galón [N.T.: ~1$/L], esto es sólo el principio. Es una distracción grosera el acudir a ”perfora, perfora, perfora” como solución a la crisis del dólar y el elevado precio del combustible. Está bien permitir al mercado incrementar la oferta y perforar, pero se trata de una grave distracción lejos de los pecados del déficit y las artimañas monetarias de la Reserva Federal.

Esta burbuja es distinta y mayor por otro motivo. Los bancos centrales del mundo en secreto confabulan para planear centralmente la economía mundial. Estoy convencido de que durante estos últimos 15 años han existido acuerdos entre bancos centrales para monetizar la deuda estadounidense, aunque en secreto y lejos del alcance de cualquier supervisión por parte de nadie – especialmente del Congreso estadounidense, a quienes no importa o simplemente no entienden. Mientras este regalo llega a su fin, nuestros problemas empeoran. Los bancos centrales y los distintos gobiernos son muy poderosos, pero con el tiempo los mercados son arrollados, cuando la gente que se quedó inmóvil sujetando la bolsa (de dólares nocivos) cae en la cuenta y gasta los dólares con fervor, encendiendo la fiebre inflacionaria.

Esta vez – puesto que hay tantos dólares y países involucrados – la Fed ha podido disimular cada crisis que se aproximava durante los últimos 15 años, sobretodo con Alan Greenspan como Presidente de la Junta Directiva de la Reserva Federal, lo cual ha permitido que la burbuja se convierta en la mayor de la historia.

Los errores producidos con el exceso de crédito a un interés artificialmente bajo son enormes, y el mercado demanda una corrección. Esto implica deuda excesiva, inversiones mal dirigidas, sobre-inversiones, y todos los otros problemas causados por el Gobierno al gastar el dinero que nunca debería haber tenido. El militarismo extranjero, el repartimiento del bienestar y las promesas de prestaciones de 80 billones tocan a su fin. No disponemos del dinero o de la capacidad de crear riqueza para alcanzar y atender todas las necesidades que ahora existen porque rechazamos la economía de mercado, el patrón oro, la independencia y los principios de la libertad.

Puesto que la corrección de toda mala distribución de recursos es necesaria y debe producirse, uno puede esperar que algo bueno quizás llegue a medida que este Gran acontecimiento se desarrolla.

Existen dos opciones para la gente. La opción no disponible es la de ir tirando con el status quo y apuntalar el sistema con más deuda, inflación y mentiras. Eso no sucederá.

La segunda opción, y la tan a menudo escogida por los gobiernos en el pasado, es la de rechazar los principios de libertad y acudir a un Gobierno incluso mayor y más autoritario. Algunos argumentan que dar poderes dictatoriales al Presidente, de igual manera que le hemos dejado dirigir el imperio estadounidense, es lo que deberíamos hacer. Ése es el gran peligro, y en esta atmósfera post 11S, demasiados estadounidenses buscan seguridad a costa de las libertades. Ya hemos perdido demasiadas libertades personales. El miedo real a un colapso económico podría incitar a los planificadores centrales a actuar de modo que el New Deal de los años 30 podría parecerse a la Declaración de Independencia de Jefferson.

Cuanto más se permite al Gobierno controlar y dirigir la economía, más profunda y más larga se vuelve la depresión. Ésa fue la historia de los 30 y los 40, y es probable que se cometan los mismos errores otra vez si no despertamos.

Pero las buenas noticias es que no es necesario que sea tan malo si hacemos lo correcto. He visto Algo Grande sucediendo durante los últimos 18 meses en el recorrido de la campaña. Me animó que seamos capaces de despertar y hacer lo correcto. He conocido, literalmente, a miles de estudiantes de instituto y universitarios que están bastante dipuestos a aceptar el reto y la responsabilidad de una sociedad libre y rechazar el bienestar de por vida que tan a menudo les es prometido por tantos políticos benevolentes.

Si más personas escuchan el mensaje de libertad, más se unirán a esta tentativa. El fracaso de nuestra política exterior, de nuestro sistema de bienestar, de nuestras políticas monetarias y de prácticamente todas las soluciones del Gobierno es tan evidente, que no es difícil convencer. Pero lo que se necesita urgentemente es el mensaje positivo de cómo las libertades funcionan y de por qué es posible.

Uno de los mejores aspectos de la aceptación de la independencia en una sociedad libre es que la auténtica satisfacción personal con la vida de uno puede ser realmente alcanzada. Esto no sucede cuando el Gobierno asume el papel de guardián, padre o proveedor, porque ello elimina todo orgullo. Pero el problema real es que el Gobierno no puede proveer la seguridad y estabilidad económica que dice. El llamado bien que el Gobierno afirma puede hacer, siempre es realizado a expensas de la libertad de alguien. Es un sistema fracasado y la gente jóven lo sabe.

Restaurar una sociedad libre no supone eliminar la necesidad de poner en órden nuestra casa y pagar el exorbitante gasto. Pero el dolor no duraría mucho si hiciéramos lo correcto, y lo mejor de todo el imperio debería terminar por motivos económicos. No habría más guerras, el ataque sobre las libertades civiles cesaría, y la prosperidad volvería. Las opciones son claras: No debería ser difícil y el gran acontecimiento que está desarrollándose nos proporciona una gran oportunidad para revertir el curso y retomar la auténtica Gran Revolución Americana que empezó en 1776. La oportunidad llama a la puerta, a pesar de la urgencia y los peligros que enfrentamos.

Hagamos que Algo Grande está sucediendo sea el descubrimiento de que la libertad funciona y es popular y que el gran acontecimiento político y económico que estamos presenciando sea una bendición disfrazada."

No hay comentarios:

Publicar un comentario